REGINA SANDOVAL, PSICÓLOGA Y SEXÓLOGA

El abuso sexual infantil: educar para prevenir

Regina Sandoval Moreno, psicóloga clínica y sexóloga, pone el acento en la necesidad de educar para prevenir el abuso sexual de menores, una realidad que afecta al 23% de las niñas y al 15% de los niños en España.
El abuso sexual infantil: educar para prevenir
La psicóloga y sexóloga Regina Sandoval. Foto: diarioSí.com

Es una realidad frente a la cual ya nadie puede pretender mirar para otro lado: los abusos sexuales de menores en España crecen a ritmo vertiginoso. O, mejor dicho, se denuncian cada vez más porque, al igual que otras muchas lacras de la sociedad, hasta hace unos años, abusar sexualmente de un niño era algo que parecía no poder salir a la luz, y así permanecía, oculto, no reconocido, negado, sufrido en la sombra. Pero igualmente existente.

Regina Sandoval Moreno, psicóloga clínica, sexóloga y antigua responsable de la gestión del Proyecto Luz para la Prevención, Diagnóstico, Valoración, Tratamiento y Peritación de casos de abuso sexual de menores en la Región de Murcia, dependiente de la Consejería de Sanidad y Política Social, pone el acento en la necesidad de educar para prevenir el abuso sexual de menores, algo que afecta al 23% de los niñas y al 15% de los niños en España.

 - ¿Existe un perfil tipo de abusador sexual de menores?

No se puede hablar realmente de un "perfil". Las estadísticas al respecto señalan que quienes abusan sexualmente de un menor son hombres en el 86% de los casos, de entre 30 y 50 años, de personalidad “normal” --en el sentido de no psicótica-- pero con problemas de neuroticismo, introversión y serias carencias de valores sociales. Individuos que no presentan ningún tipo de sentimiento de culpa y que solo en un 10% de los supuestos recurren al uso de la violencia. Pero ni la presencia de alguno de estos rasgos ni la conjunción de todos implica necesariamente que estemos ante un abusador.

- ¿Podemos identificar el origen del problema?

La educación de los niños se fundamenta en la obediencia al adulto. Por eso, cuando el adulto, utilizando su posición de superioridad, indica u ordena al niño que haga algo, este, acostumbrado a obedecer y, careciendo como carece, por su inmadurez psicológica y emocional, de los recursos necesarios para hacer frente a la situación en un plano de igualdad, termina por claudicar y consentir. Sobre todo porque el adulto en estos casos suele jugar con la doble moral y recurre con frecuencia a chantajes y a amenazas de contar a la familia y al entorno del menor lo que está sucediendo.

-¿Cómo pueden saber los padres si alguien ha abusado sexualmente de sus hijos?

Hay que estar atento a cualquier síntoma físico o psicológico que pueda darnos la señal de alarma de que nuestro hijo está sufriendo abuso. Los hay inmediatos y muy evidentes, como alteraciones en los genitales, ropas desgarradas o manchadas de sangre o semen o dificultad para caminar o sentarse, o bien cambios bruscos de comportamiento y de humor, hostilidad y agresividad, llantos incontrolados e injustificados, regresiones a la infancia, pérdida del control de esfínteres... También miedos, pesadillas, conductas autolesivas, sentimientos de culpa y vergüenza, ansiedad, baja autoestima, desconfianza y rencor a los adultos, intentos de reproducción de lo vivido con otros niños o con muñecos, actitud hipersexualizada y compulsiva, conocimiento sexual superior al normal para la edad, bajo rendimiento académico, retraimiento social…

No obstante, hay que tener en cuenta que, aisladamente, cualquiera de estos indicadores puede responder a otro problema que no tenga nada que ver con el abuso sexual, y unos y otros se confunden fácilmente. Es quizá la coincidencia de todos, o de varios, lo que nos puede estar diciendo que, efectivamente, el niño está siendo víctima de abuso.

- Una vez que el niño ha sido víctima de abusos sexuales, ¿cómo hay que actuar?

Es indispensable en primer lugar mantener la calma, para propiciar la confianza del niño, escuchándole, mostrándole apoyo y expresándole nuestro afecto. También no poner en duda que lo que dice es la verdad, dejándole claro que él no es culpable en absoluto de lo sucedido y haciendo que se sienta orgulloso de haberlo contado. Es muy importante asegurarle que no le pasará nada, que no habrá represalias y que va a salir adelante, y no tratarlo de un modo diferente al habitual, es decir, no evitar tocarle ni acariciarle, por ejemplo, ni intentar sobreprotegerlo. Hablar de lo ocurrido y del agresor, y respetar que no quiera hacerlo en determinados momentos.

Tampoco hay que presentar al abusador como a un loco o como a alguien intrínsecamente malvado. Basta con decirle al niño que son personas que no se encuentran bien, que hacen cosas que no deben hacer, y que por eso los niños tienen que negarse a obedecerles. Y, por encima de todo, hablar, contarlo, que el niño aprenda a no callarlo nunca.

Lo recomendable, una vez constatado el abuso, es recabar ayuda psicológica especializada y denunciar. Si en el abuso está implicado el padre, hay que comunicarlo a los Servicios de Protección de Menores para evitar que los miembros de la familia se organicen y silencien los hechos.

- ¿Y qué puede hacer el propio niño para evitar ser víctima de un abuso sexual?

Es importante subrayar que el niño posee el instinto necesario para distinguir cuándo el contacto físico con un adulto es correcto y cuándo no y, de hecho, esa distinción el menor la hace internamente, pero existen múltiples condicionamientos que le impiden exteriorizarlo: a un niño le cuesta mucho enfrentarse a un adulto, o se siente tan “cortado”, que no acierta a reaccionar, o experimenta miedo y vergüenza, o cree que todo ha sido culpa suya por provocar de algún modo la situación, o bien piensa que nadie le va a creer si lo cuenta y que lo van a considerar una fantasía infantil más.

Tenemos que orientar a nuestros hijos para que planten cara al adulto que potencialmente puede abusar de él porque, en los abusos sexuales, por norma general, es la pasividad o el consentimiento de la víctima lo que hace posible la agresión, y la oposición clara por parte del niño frena en seco al abusador. Hay unas reglas mínimas de seguridad para evitar el momento propicio para el abuso, enseñándole a los niños a asegurarse de que cuando estén cerca de un adulto extraño que les propone algo, exista la posibilidad de pedir y recibir ayuda si, llegado el caso, la necesitan.

Cuando el abuso sexual se produce en el seno de la propia familia, y es el padre, el tío, el abuelo, el que abusa del menor, lo fundamental es que el niño sepa que tiene que pedir ayuda a un adulto de confianza, como su madre, un profesor, una vecina... Estas situaciones son habitualmente las más problemáticas, porque se tiende a no dar crédito a lo que el niño cuenta e incluso a veces hay adultos que dentro del propio núcleo familiar prefieren, por duro que pueda parecer, hacer oídos sordos para evitar más complicaciones.

 

¿Falta educación para la prevención del abuso sexual?

Lo normal es que la mayoría de los padres reconozcan que no hablan con sus hijos pequeños de esto. Todavía existen tabúes en España en cuanto a la educación sexual. A eso se le une lo particularmente espinoso que a primera vista puede parecer el tratar un tema así con un niño pequeño, y más aún cuando nos enfrentamos a la posibilidad de tener que decirles a nuestros hijos que puede ocurrir que un miembro de nuestra propia familia abuse sexualmente de él.

Lo ideal sería la inclusión de una mínima educación para la prevención del abuso sexual de menores en los planes educativos y una oferta de cursos para padres y para niños, de manera que pudiera llegar al mayor número posible de personas una orientación al menos básica sobre cómo actuar frente al problema. De hecho, ya se llevan a cabo extraescolarmente en centros de educación primaria de la mayoría de las Comunidades Autónomas, y en la Región de Murcia es el Proyecto Luz el que lidera institucionalmente la prevención en este campo.

 

¿Hasta qué punto un abuso sexual puede cambiar la vida de un niño?

No todos los niños que sufren abuso presentan traumas, ni estos son de la misma intensidad, pero el mantenimiento de esta situación y su prolongación en el tiempo pueden transformar los efectos primarios de un abuso en secuelas permanentes y complicadas de tratar, y que pueden llegar a afectarles en su vida cotidiana en la edad adulta: dolores crónicos generales, hipocondría, intentos de suicidio, trastornos disociativos de identidad, trastornos de personalidad, fobias o aversiones sexuales, dificultades de vinculación afectiva, problemas en las relaciones de pareja, etc.

Además, los estudios coinciden en señalar que los niños víctimas de abuso sexual son mucho más vulnerables al estrés, con todo lo que eso supone. Y también hay otro gran peligro: que quien ha sufrido abusos sexuales en la infancia se convierta él mismo, de adulto o, incluso todavía siendo niño, en abusador.

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